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He oído decir
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He oído decir que si ves a un gallego en una escalera, nunca sabrás si sube o baja. Es posible, puede que sí, tal vez. Después de lo que estamos viendo y leyendo estos días, creo que podemos convenir que si no se sabe cuál es la dirección que lleva, es porque al gallego no le interesa en absoluto la cuestión. Hoy, ahora, la cuestión es que está amenazada la vida de la Costa da Morte y de las Rías Bajas, porque el “Prestige” puede significar el “desprestigio” de esa “Galicia Calidade” durante mucho tiempo, porque el “crudo” en forma de “engrudo” se ha agarrado a la arena y a las rocas, y vaya si sabemos hoy el rumbo que lleva el gallego, todos lo hemos visto, mar afora, mar adentro, con las manos, con los bicheros, usando contenedores de basura, de escombros, de mejillones, papeleras, plantándole cara a la fatalidad. Con el traje de agua ennegrecido, faenando la peor de las cosechas que podía traerle el mar, a él, que se la juega en las rocas con un mar traicionero, en un baile adelante y atrás, y a él, que sabe lo que es estar meses enteros embarcado, en un espacio de dos por dos, con las manos encallecidas de manejar aparejos, a él en fin, al gallego, esta vez en la cuestión le va la vida y vaya si ha demostrado a donde va. Mientras en los despachos se discute de quién es la culpa, mientras en las pantallas una vez más se habla de nunca más, mientras tierra a dentro se siguen tirando los dados en la gran partida del poder, el gallego, que no se conformó con vivir en el fin del mundo, y por eso se lanzó al mar, presenta hechos y se opone a la marea, y al viento, y a la fatalidad, con redes, con bicheros, con bateas, con un par. Y después de todo un día luchando, aún le quedan fuerzas y arrestos para exigir dignidad y respeto y ayuda y contenedores y papeleras y mascarillas a ese que se pasea bajo un paraguas por el muelle, quién sabe si buscando alguno de esos puntos en esa partida a la que juega, quién sabe buscando qué. Alguna vez oí decir “tres de Noia tropa do carallo”, y ahí están, los de Noya, los de Muros, los de Arosa, los de Vigo, son los mismos, los que no sabes si suben o bajan, los que están ahí siempre pero de los que sólo oyes hablar cuando hay una desgracia, cuando un pesquero se pierde en el Gran Sol o cuando cierran una fábrica de conservas. Pero mira por donde la tropa se puso en movimiento, en formación para cerrarle al monstruo la entrada a sus rías, David contra Goliat, sí, pero qué David más cabezota y decidido, los ingleses y los franceses, los belgas y los holandeses mandaron sus barcos anticontaminación, los gallegos salieron a mar abierto a pecho descubierto, fundiendo los motores de tanto ir y venir, agotando los contenedores, las papeleras y las balsas, recogiendo toneladas con las manos. También dicen que hay más
gallegos fuera, mundo adelante, que en Galicia. Y puede ser verdad, pero ¿quién
más es capaz de soportar la fatalidad en forma de Urquiola, Mar Egeo,
Prestige?, una vez detrás de otra, cada vez nunca más, ¿qué herrero es capaz de
seguir herrando si cada vez que levanta la cabeza le cambian el martillo por
esa cuchara de palo?. Y, sin embargo, qué herrero. Escribía Benedetti: “Cuando
despierto y estoy lejos / del mar que no me necesita / algo me falta en el
futuro / y en la ventana y en el rostro”. Pidamos hoy que no le arrebaten el
mar, que el gallego pueda volver a su escalera, a subirla o a bajarla, pidamos
a los que juegan la partida que pongan los medios para que no tenga que
marcharse y descubrámonos ante los hombres del mar. |
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Joaquín Novo González
En Madrid, 5 de Diciembre
de 2002 |
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