Alma de betún

                        Copyright © {30/11/02} {Ángel Mª Cobos Martínez}. Todos los Derechos Reservados. (Compostela)

El luto llegó a la costa de manos de un indecente

y los pájaros ya no saben volar ni los peces nadar

en medio de la costra: edredón negro de invierno

que no deja dormir al marinero ni a su mujer.

Había una vez un gobierno chiquitito que no sabía,

que no sabía gobernar. Pasaron un, dos, tres, cuatro,

cinco, seis semanas, y aquel gobierno gobernó

cuatro largos lustros más, lustrando su alma de betún

con los cepillos que le regaló al marinero y a su mujer.

El capitán era un apóstol que jugaba a ser el capitán de un Titanic añoso que traía o llevaba el néctar de los nuevos dioses y a Neptuno se le llenaron los pulmones de alquitrán

de subcontrata.

¡Ahí tienen el paseo marítimo de betún de Judea

con vistas a la ineptitud!

El marinero y su mujer comen pan de brea

mientras el gobierno se calafatea las junturas

con dinero robado y mentiras impías como la gran familia de la Costra Nosa.

¿Quién hará la autopsia del Atlántico

a la costa que hoy ofrece un réquiem por el pueblo y el mar?

Las sirenas ya no hacen sino gorgoritos de asfalto

y se sienten como pez resina en el agua cansada

de los vómitos renegridos de la codicia.

La mar está triste ¿qué tendrá la mar?

El marinero y su mujer ya no saben rezar

a los pies de fuel de su cama y observan desde las rocas

un cuadro abstracto de tropecientos x mil,

de autor desconocido, óleo sobre mar, pintado con el culo

y titulado “Muerte”, que en los titulares del periódico

rebautizan “Manchitas que se alejan”.

Y los pájaros agonizan y los peces hacen testamento

y el marisco expira en las rocas

donde el marinero y su mujer hacen encaje de bolillos

con el chaparrón de sentimientos revueltos

en un caldo de chapapote.

                                          Háblales del mar mal gobierno, pez de ciudad que no sabes nadar,

canto desafinado del desprestigio, deyección de una urna.

Háblales del mar, tú que sólo vas a la zona vip de la playa

a broncearte con el rencor acallado de tus víctimas,

a reír los chistes de la jet, a atusar el pelo de tu niño,

a codearte con el rey; y diles que dimites.

El marinero y su mujer van a tener una niña. Feliz Navidad.